No hay urbe sin relato. En esta cuestión tan fundamental, hasta los años ochenta del siglo XX, la posición relativa de Barcelona en el i maginario global fue inalcanzable. Jugaba en otra liga —la apoteosis fueron las Olimpiadas del 92 —y por eso constituye un drama el empequeñecimiento reciente de su escala y proyecciones. Este libro, potente en los argumentos, muy bien narrado, cubre un vacío en la historia urbana de la capital catalana, entregada por un lado a la banal tautología afirmativa del nacionalismo y, por otro, al negacionismo cateto de sus muchas virtudes y encantos. El que busque una novela ejemplar de la ciudad, encontrará aquí la explicación que deseaba. El autor nos pasea de la mano de...
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