En los últimos años, Barcelona ha vivido una transformación silenciosa en sus barrios. Las calles donde antes dominaba el comercio de toda la vida -panaderías artesanas, mercerías, colmados- van perdiendo identidad. Muchos de estos negocios cierran porque
sus propietarios se jubilan y sus hijos no quieren continuar, y eso deja hueco para otro tipo de establecimientos más impersonales.
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