Más de dos horas y media de drama en la
Philippe Chatrier de París. Un tira y afloja descomunal de golpes, un desparrame total de sentimientos. Demasiadas emociones a flor de piel, que explican la montaña rusa que fue el marcador y el rendimiento de las dos tenistas. Ambas, competidoras natas, de las que no se rinden hasta que se ha dictado una sentencia irrevocable.
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