¿Sostenible o viable?
I
«A nuestros valiosos clientes: Después de una cuidadosa deliberación, hemos tomado la decisión de acogernos a la protección por quiebra según el Capítulo 11 del Código de Quiebras de los Estados Unidos. Estamos profundamente agradecidos por el apoyo que nos han brindado a lo largo de los años, pero el aumento de los costos y la mayor competencia extranjera han hecho que nuestro actual modelo de negocio sea insostenible».
El texto anterior aparece todavía en el portal de Forever 21 y, apelando a la ironía, se puede reescribir así: “Queridos clientes, no es un tema de marco ESG. El caso es que sin costos y sin competencia extranjera, nos hubiera ido muy bien y seríamos no solamente viables sino también sostenibles”.
II
Según un artículo de la firma McKinsey, publicado en enero de 2025, la industria de la así llamada «moda rápida» (fast fashion), a pesar de su extraordinario crecimiento, también es responsable de una cantidad considerable de residuos. La gente compra más ropa que nunca: para 2030, se prevé que el consumo mundial de prendas de vestir aumente considerablemente hasta alcanzar los 102 millones de toneladas. Los consumidores de moda rápida se deshacen rápidamente de la ropa. Algunas estimaciones sugieren que los consumidores tratan las prendas de menor precio como cuasi desechables, descartándolas después de, a lo sumo, siete usos. Por cada cinco prendas producidas, el equivalente a tres termina en un vertedero o se incineran cada año. Las emisiones totales de gases de efecto invernadero procedentes de la producción de textiles ascienden a 1.200 millones de toneladas al año, lo que supone más emisiones que todos los vuelos internacionales y los buques marítimos combinados.
De acuerdo con dicho artículo, la mayoría de las empresas de moda, tanto las de moda rápida como las demás, están atrasadas en sus objetivos de reducción de emisiones de CO2 para 2030. En otro informe, esta vez el titulado «State of Fashion 2025: Challenges at every turn«, McKinsey afirma que las marcas en general están quitándole la prioridad a la sostenibilidad, por ejemplo, posponiendo o abandonando sus objetivos de cero emisiones netas. En línea con esa tendencia, muchas marcas de moda están reduciendo sus compromisos con la sostenibilidad. El tema aquí es que el entorno ha atentado contra la viabilidad financiera de estas empresas y entre ser sostenibles o ser viables, en tal circunstancia y dilema, ¿Pueden adivinar ustedes lo que escogen?
III
En otro artículo, esta vez publicado en la revista Debates IESA, en febrero de 2022, titulado «La moda sostenible se abre espacios y avanza hacia la economía circular«, Érika Hidalgo López abordó la sostenibilidad en la industria de la moda y destacó cómo algunas marcas estaban transformando sus modelos productivos y la estructura del mercado a prácticas más sostenibles. Entre los puntos allí tratados, hace referencia a un Seminario sobre Sostenibilidad realizado en el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), donde se discutieron experiencias de transformación en la moda. Uno de los panelistas invitados fue un economista y empresario de nombre Álex Penadés, director de éxito del cliente para Norteamérica de Jeanología, un grupo que proporciona tecnología y certifica prácticas sostenibles en empresas de moda. Penadés explicó que un buen punto de entrada a la economía circular consiste en mostrar los beneficios financieros de las empresas (precisamente, lo que las empresas en situación de inviabilidad financiera no hacen). También, y de los panelistas, fue el más escéptico sobre el compromiso real de las grandes marcas con la sostenibilidad, señalando que muchas marcas la adoptan -y he aquí la irónica paradoja de las empresas de moda- solo por moda.
IV
El caso es que Forever 21, con entre 100 y 500 millones de dólares en activos y entre 1.000 y 10.000 millones en pasivos, volvió a declararse en quiebra este marzo de 2025. A pesar de esto, sus 350 tiendas en Estados Unidos y su sitio web seguirán operativos mientras buscan compradores. La empresa, con entre 10.000 y 25.000 acreedores, se había declarado en quiebra por Capítulo 11 previamente, en 2019, siendo rescatada posteriormente por Sparc Group antes de unirse a Catalyst Brands en enero de 2025.
Si el mar es calmo y hay algo de viento, cualquiera es buen marinero. Pero el mar en donde navegaba Forever 21, no era precisamente aquel de “la tranquilidad” y cuando las empresas tienen problemas de viabilidad, la sostenibilidad según marco ESG, pasa a segundo plano o, simplemente, ni siquiera es considerada porque la consigna es sobrevivir. Y ese fue el caso de Forever 21.
Con la inflación, los costos operativos de Forever 21 se incrementaron, lo que le hizo bien difícil mantener precios competitivos frente a rivales como Shein y Temu, que ofrecen (todavía) productos a precios muy bajos.
Debido al aumento de los precios en general, los consumidores ajustaron sus presupuestos, lo que llevó a una disminución en el gasto en ropa. Esto afectó directamente las ventas de Forever 21, que ya la tenía difícil para mantenerse relevante en el mercado.
La combinación de la inflación y la competencia feroz de marcas de moda rápida terminaron con su viabilidad. Adicionalmente, el CFO de Forever 21, Brad Sell, se quejó de un vacío legal que permitía a Shein y Temu enviar ropa directamente a los compradores en Estados Unidos sin pagar los aranceles de importación que Forever 21 y otros minoristas deben abonar al enviar productos en grandes cantidades a almacenes. Y aunque Donald Trump hizo su parte, la realidad evidencia que no fue suficiente -o fue tardío- al menos para Forever 21.
También, todo apunta a que Forever 21 era “mala conducta corporativa”. En efecto, enfrentó numerosos problemas legales, principalmente relacionados con prácticas laborales y propiedad intelectual. En cuanto a las relaciones con los empleados, la compañía fue demandada en varias ocasiones por violaciones de las leyes laborales, incluyendo el pago de salarios mínimos, horas de trabajo reducidas y condiciones laborales precarias. Estas demandas, que involucraron a decenas de trabajadores, culminaron en acuerdos extrajudiciales después de años de litigios y boicots.
Por otro lado, Forever 21 fue objeto de más de 20 demandas por violación de derechos de propiedad intelectual, acusada de copiar diseños de otras marcas. Estas demandas, presentadas por diseñadores como Anna Sui y Diane von Fürstenberg, resultaron en acuerdos extrajudiciales y una orden judicial que prohibía a Forever 21 copiar diseños específicos. A pesar de las numerosas demandas, Forever 21 nunca fue declarada culpable en un juicio, resolviendo la mayoría de los casos mediante acuerdos fuera de los tribunales. Las demandas incluían también acusaciones por el uso de software sin licencia.
V
Las pérdidas -y erogaciones-, por una u otra razón, continuaron hasta dejar a la empresa exhaustamente insolvente, como ya vimos, con pasivos que eran diez veces mayores que sus activos: Forever 21 no tenía patrimonio desde hace un buen rato.
Así, McKinsey y la dos veces quebrada Forever 21 evidencian que sin viabilidad financiera no hay sostenibilidad posible.
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