El rearme mundial, consecuencias en el Sur Global y la democracia
Como vemos a diario en la prensa, la conflictividad mundial -especialmente en Ucrania, Medio Oriente y Asia- está produciendo efectos importantes en el sistema internacional, tanto en los cambios de las doctrinas de seguridad y defensa, como en el aumento de los presupuestos para fines militares de manera inusual que van a tener efectos, no solo a lo interno de los países concernidos, sino también en aquellos que no están implicados de manera directa en los conflictos.
Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri): “El gasto militar mundial alcanzó los 2718 mil millones de dólares en 2024, lo que representa un incremento de 9,4 % en términos reales respecto a 2023, el aumento anual más pronunciado desde, al menos, el final de la Guerra Fría. El gasto militar creció en todas las regiones del mundo, destacando el fuerte aumento registrado en Europa y Oriente Medio. Los 5 países con mayores presupuestos militares —Estados Unidos, China, Rusia, Alemania y la India— representaron 60% del total mundial, con un gasto conjunto de 1635 mil millones de dólares”.
Para 2025 la situación es aún más preocupante, pues al comercio usual de armamentos se suman dos anuncios importantes: la cúpula dorada, el proyecto de defensa antimisiles nucleares de Donald Trump, así como el de Keir Starmer, primer ministro inglés, para la construcción de submarinos nucleares y el refuerzo del programa de ojivas del mismo tipo, todo ello a costos exorbitantes,
Ya sabemos que el gasto militar fomenta carreras armamentísticas y conflictos, lo que afecta la estabilidad global y dificulta el desarrollo sostenible. El aumento del mismo en el mundo tiene consecuencias negativas al desplazar recursos de otros sectores vitales como la salud, la educación y la infraestructura social, así como un impacto negativo en el crecimiento económico porque no es una inversión productiva. También el aumento del gasto militar va a dificultar el logro de los Objetivos del Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas porque los recursos invertidos podrían afectar la lucha contra el cambio climático y otros problemas globales.
Ahora bien, teniendo presente esta realidad y su proyección en el futuro, que algunos temen que sean los preparativos para una tercera guerra mundial, ¿qué medidas pueden tomar los países de América Latina, África y Asia –el llamado Sur Global-, para enfrentar un escenario en el que los programas de desarrollo, humanitarios e incluso de promoción de los valores democráticos ya se encuentran en un estado precario por el cierre del USAID y otras agencias en Estados Unidos?
La I. A. nos dice que “ante la amenaza de recorte en la financiación para desarrollo y ayuda humanitaria, los países del Sur Global deben implementar una serie de medidas, incluyendo la diversificación de fuentes de financiamiento, la promoción de la cooperación Sur-Sur y la gestión responsable de recursos internos. También se deben fortalecer los mecanismos de gobernanza y el empoderamiento de las comunidades locales, así como impulsar la innovación y la adaptación tecnológica para enfrentar las crisis”.
Un poco más allá: ¿en qué contexto de gobernanza se puede realizar todo esto? Nos dice igualmente la I.A. que “las dictaduras tienen efectos devastadores en el desarrollo, especialmente en áreas como la educación, la economía y la sociedad. La represión, la falta de libertad y los abusos de poder frenan el crecimiento y perpetúan ciclos de pobreza y desigualdad”.
Por consiguiente, podemos deducir que para enfrentar estos retos es imperativo promover y proteger la democracia en estos países puesto que, sin considerase en un contexto lineal porque existen particularidades, la misma fomenta el crecimiento económico, la estabilidad política y la protección de los derechos humanos.
Adicionalmente, para ello es fundamental alentar la educación cívica, fortalecer la participación ciudadana, velar por el respeto de los derechos humanos y la libertad de prensa y fomentar la transparencia y la rendición de cuentas de los gobiernos. Se precisa también de crear una cultura política en favor de la tolerancia, el pluralismo y el diálogo, junto con instituciones que respondan de manera adecuada, especialmente los equilibrios de poderes.
Ante los avances del autoritarismo en el mundo, como he reseñado en mis escritos anteriores y los reflejan los índices de prestigiosas publicaciones, se deben también concertar eventos a nivel multilateral para el tratamiento del tema de la democracia con el fin de lograr compromisos y de la misma manera dar manifestaciones de apoyo a los procesos que permitan las negociaciones que contribuyan al establecimiento pleno de la paz y la seguridad internacionales.
Ya tenemos la experiencia de las dictaduras del Sur Global alineándose con las partes en conflicto por razones ideológicas en una nefasta solidaridad automática. Debemos comprometernos en evitar que esto suceda. De lo contrario nos dirigimos a una humanidad completamente distópica que abandona los avances que se produjeron en el mundo después de la Segunda Guerra Mundial.
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