Las
relaciones tóxicas no siempre comienzan con gritos o con un desprecio evidente. Muchas veces,
se desarrollan de forma silenciosa, camufladas entre gestos que parecen afectuosos, comentarios que simulan preocupación y
frases que pueden esconder una dinámica emocional dañina que desgasta, limita y anula a uno o ambos miembros de la pareja.
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