La primera persona normal se lee un tebeo normal, tan contenta, en un banco normal de una calle normal, junto a una marquesina bastante normal en la que ya no paran los autobuses (ahora lo hacen cincuenta metros más arriba, en una zona más despejada, lo que es normal, si se piensa). La segunda persona normal se sienta a su lado, sin saludar siquiera. —Buenísimo. —¿Cómo que buenísimo? —pregunta la primera persona normal, levantando apenas la mirada. —Ese tebeo. Buenísimo. —Pero ¿lo has leído? —¿Yo? No, claro. Pero me encantan los tebeos. ¿De qué es ese? —Es de un periodista francés que por la noche es criminal y por el día es policía. —Y, entonces, ¿cuándo es periodista? —Ah, claro....
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