Cuando el cine era considerado como el séptimo arte, Ronald Reagan llegó a reconocer que todo lo que sabía de política lo había aprendido en Hollywood , negociando con estudios y sindicatos. El gran problema es que las grandes pantallas de antaño se han ido haciendo mucho más pequeñas e individuales. Y la búsqueda insaciable de autenticidad por parte de audiencias, consumidores y votantes ha terminado por convertir la política en un 'reality show', en el que lo soez se confunde con lo genuino y la mala educación se hace pasar por sinceridad. En la era de lo que podríamos llamar 'reality politics', la banalidad, los insultos, la bronca perpetua y los teatrillos han terminado por adueñarse del debate público....
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