El amor como un problema existencial, del querer y no tener: los 35 años de “Corazones”, la cumbre del rock latino
“Todo lo que escribo tiene que ver con mi vida. Creo que en mis canciones incluso me he quedado corto. Hay sentimientos que tienen que ver sobre todo con lo sexual, con los que me he hecho el piola por no atreverme. Yo he vivido eso, como todos. A lo mejor de manera más fuerte porque estaba envuelto en una vorágine de poder y éxito que hace que cuando uno se cae lo haga de lo más alto. Me parece importante que se hable del amor en esos términos, porque las canciones de amor que pasan por las radios son tan distantes. No hablan de amor, hablan de que ‘me dejaste'”.
Con esas palabras, y en 1994, Jorge González reflexionaba para la revista Wikén sobre uno de los temas centrales del disco “Corazones“. Piedra angular del rock latino que no solo marcó un precedente en el sonido que dominaría a la industria criolla en los años venideros, sino que también pasó a la historia como la placa que selló el quiebre de Los Prisioneros.
Este 2025, tres décadas y media después de su publicación, su carácter confesional y sonido electrónico continúa dando de qué hablar. “Una de las cosas que más me gusta de ser biógrafo es que es una pega que se hace después de que sacas tu libro. Primero, eres alguien que trabaja en la historia de alguien, después lo escribes. Pero, en el fondo, uno no se hace biógrafo porque es un escritor, sino porque tu objeto de estudio es una evolución permanente”, confesó el periodista Julio Osses, autor de “Exijo ser un héroe” y “Orgullos & pasiones: la historia de Los Prisioneros“.
“He tenido aproximadamente 25 años para reflexionar sobre estos temas. Y creo que ‘Corazones’ es un disco esencial por muchos motivos, y que son los mismos que hacen que los objetos culturales se hagan trascendentes”, sentenció sobre la placa que incluye éxitos ineludibles del cancionero nacional, como “Tren al sur” y “Corazones rojos“.
Los Prisioneros durante la promoción del disco “Corazones”
En ese sentido, expresó que el cuarto disco de los sanmiguelinos “es un portal donde entra cierta energía que tal vez estaba desagregada, pero que se reúne en un punto, y después se proyecta. Siento que, finalmente, con ‘Corazones’ lo que pasa es que es el punto cúlmine de una carrera autoral como la de Jorge, pero también es un disco que es el punto cúlmine de la escena del rock latino que venía de los 80 y, probablemente, disco más sofisticado”.
Lo anterior, considerando el nivel de producción que por esos años se sostenía en la región. “Estamos hablando de una escena de rock o incluso de pop latino que tiene mucha música interesante. A partir del año 88 se sofistica mucho. Soda Stereo se va a grabar a Estados Unidos, Charly (García) hace ‘Parte de la religión‘ el 87, que es un disco increíble. La Ley estaba dando sus primeros pasos, profesionalizando, finalmente, lo que era la música chilena”, ubicó Osses.
Algo que, en el caso de Los Prisioneros, llegó con una consagración al más puro estilo de New Order: “Me parece que siempre estuvo pensado un cuarto músico para ese disco. A veces, a uno se le olvida que se grabó en Los Ángeles. Y tal vez se hizo con un productor que no tenía mucha experiencia en pop, como Gustavo Santaolalla, que había grabado ya a importantes bandas de rock y tenía una larga trayectoria como productor, siendo, probablemente, uno de los primeros músicos latinos de rock que se autodenominó productor”.
Los Prisioneros durante la promoción del disco “Corazones”
“Se hizo con estándares súper altos. Se demoró 80 días en grabar, que es una locura. Muchas veces las canciones se hacen de manera bastante urgente. Y lo que hizo fue sembrar una semilla que se demoró mucho tiempo en florecer de una manera increíble, y lo hizo con muchos colores”, expresó el periodista.
“Es increíble cómo ‘Corazones’ adelanta el sonido del pop latino que vendría una década y media después. Todas las bandas que llegan con la generación que llamo el ‘neopop chileno‘, con solistas como Gepe, Javiera Mena, Francisca Valenzuela… Todos toman un poco de este álbum. Y, especialmente, nosotros vemos como no solamente se toma la influencia musical. sino también la ética y la estética, como hizo Alex Anwandter, por ejemplo”, argumentó Osses.
Sin embargo, y más allá del cambio sonoro que trajo para el conjunto, el biógrafo de Los Prisioneros es tajante al señalar que la forma de la composición adoptada por González en este larga duración es fundamental. “Tiene música electrónica en plena época del nuevo verano del amor, del house de los 90; más toda la influencia de la música latina radial que escuchaba Jorge cuando era joven; también el rap. Pero, especialmente, tiene una canción del tipo confesional que solamente se encuentra en la balada latina de los años 70“.
Algo que incluso se hizo extensivo a otras ramas artísticas: “En esa época, Alberto Fuguet estaba haciendo sus primeras armas como escritor. Era periodista y cronista. Y su estilo de escribir, si uno lo piensa, es bastante alejado y acético a lo que podría considerarse el boom de la literatura latina o en español. Porque es un estilo mucho más concreto, sin imágenes figurativas, donde el escritor está diciendo lo que dice y está describiendo lo que describe. En algún momento, pensaba que tal vez Jorge González era un poco más como Roberto Carlos o como Raymond Carver, pero después empecé a darme cuenta de que las letras de ‘Corazones’ tienen mucho que ver con lo que Jorge venía haciendo como letrista”, reflexionó el autor.
“En ese momento, molestaban bastante en las entrevistas y decían que si antes los acusaban de resentidos sociales, ahora los iban a acusar de resentidos sexuales. Porque es un disco que crítica al amor romántico. Y es sumamente complejo, con muchas layers, muchas capas, desde lo musicológico y lo artístico. Todos estos elementos, que son medios caóticos, nos dan para estar todavía, 35 años después, preguntándonos qué estamos escuchando cuando ponemos ese disco”, aseguró el comunicador y miembro fundador del colectivo Letra Sónica.
De hecho, recordó que el recibimiento de la época no fue del todo positivo. Sobre todo, considerando la censura que afectó a los músicos durante los últimos años de la dictadura, y que disminuyó sus posibilidades de presentarse en vivo, especialmente en la capital.
“Era un entorno bastante difícil. Y Carlos Fonseca relató en las entrevistas que me dio para ‘Exijo ser un héroe’, y que después repliqué en ‘Orgullos & Pasiones’, que, la verdad, la recepción no era tan buena, que fue mucho mejor en regiones. Y que cuando sale ‘Tren al Sur’, era una canción totalmente marciana, que no era esperable de Los Prisioneros, y que los emparentaba mucho más con el pop de los 60 o con la movida new wave más profunda que con lo que uno esperaba que fueran. Sin embargo, cuando aparece ‘Estrechez de Corazón‘ se produce una especie de cambio en la percepción colectiva sobre ‘Corazones’ y pasa rápidamente de ser un disco incomprendido a un disco imprescindible“, recapituló.
Bailar y llorar
Pero la importancia de “Estrechez de corazón” es mucho más profunda, e incluso aporta varias luces a los mitos que rondan las razones que llevaron al término de la banda. “Uno de los grandes mitos acerca de la historia de Los Prisioneros, y que emprendí la misión de desmontarlo, era que se habían separado por un lío de faldas. Yo diría que hubo también una especie de intención del establishment de dejarlo así. Era mucho mejor que se hayan separado por eso y no por una crisis económica u otras cosas”, contextualizó el escritor.
Los Prisioneros durante la promoción del disco “Corazones”
“Sin embargo, me parece que Claudio acierta cuando dice que el fin de Los Prisioneros es el fin de una amistad. Pero aquí estamos hablando del disco ‘Corazones’. Y creo que siempre se ha hablado y se ha simplificado un poco la historia de este disco diciendo que es la historia de un amor imposible, de alguien que se enamora de la mujer del amigo. Pero ya es tiempo para que empecemos a decir las cosas como son. ‘Corazones’ es el disco de un triángulo amoroso”, sumó.
Hipótesis que cobra especial relevancia con esta canción en particular: “Cuando uno escucha ‘Estrechez de corazón’ se da cuenta de que, finalmente, une una vertiente autoral de Jorge, subterránea, y que habla sobre su propio ser, su propia identidad o, por qué no decirlo, tal vez sobre su propia orientación o percepción del amor. Entonces, al escucharla, percibes una canción de amor neutra, que es algo que solamente gente como Camilo Sesto o George Michael hacían”.
“Cuando Claudio sale con toda esta onda de su biografía y acusa a Jorge de estar enamorado de él, yo decía, bueno, puede ser o no. En realidad, y en general, en Chile tratamos de decir que no, que dan lo mismo esos temas. Afuera se abordan con mayor templanza, pero acá somos malos para hablar de eso. Por un lado, los biógrafos decimos ‘no, hay una falta de respeto en referirse a la orientación sexual de la gente o a los sentimientos, hay que hablar solamente de la música’, pero la verdad es que ‘Corazones’ es un disco que ha acompañado durante muchos años a las diversidades, a la gente con el corazón roto, también a quienes se han sentido traicionados por el amor“, analizó el biógrafo.
“Es hora de entenderlo como un disco de amor confuso donde, muchas veces, cuando se habla de niña, se podría hablar de niño también. Y es una crítica profunda al amor romántico, que tal vez es misterioso por eso. En una entrevista, Jorge me dice que ‘Estrechez de corazón’ es una de las que menos le gusta en términos de letra porque la encuentra muy verborreica. Después de mucho tiempo me di cuenta de que lo que estaba diciendo es que tal vez es una canción que dice demasiado”, añadió.
Esto, en una reflexión que asegura que el amor “no tiene la raíz en el deseo, la orientación o la identidad sexual, sino en un problema filosófico. Es más profundo, es un problema existencial, del querer y no tener, o de cómo posees el objeto de deseo y de qué forma te relacionas con la imposibilidad de poseer completamente el objeto de deseo”.
“Nuestra generación, los que tenemos sobre 50, no tenemos esas herramientas. Por eso, muchos de nosotros hemos sido objeto o sentido, tal vez, una atracción por gente de nuestro mismo sexo y nos consideramos heterosexuales, pero no lo sabemos procesar. Este disco indaga en esa idea. Aquí, uno no sabe si finalmente lo que Claudio hace mucho tiempo después es pedirle a Jorge que de una vez por todas le diga que lo ama, o si es una idea que, finalmente, estuvo súper latente ahí, y que lo que separa a Los Prisioneros es la imposibilidad de ponerse de acuerdo en este tema. ¿Qué somos? ¿Nos amamos como amigos, como gente que se desea, como compañeros? Lo que puedo concluir es que estoy súper de acuerdo con Claudio en que el fin de Los Prisioneros y el disco ‘Corazones’ sella una amistad. Y lo hace de una manera que es trágica porque es un disco trágico. Es súper triste, pero se puede bailar“, cerró.