Sor Lucía entró al convento ubicado en el cobertizo de Santo Domingo el Real, uno de esos escondites mágicos del Casco Histórico de Toledo, en 1958 y desde entonces ha visto a ocho papas y ha cuidado de miles de niños de la ciudad, algunos ya abuelos y jubilados. Toda una vida entregada a Dios, 66 años ni más ni menos, desde que se decidiera a dar el paso cuando apenas tenía 14. De ahí que bromee con que 850 años no son nada, que son los que se cumplen de la aprobación de la Orden de Santiago . Tal aniversario celebraron este sábado por la tarde las Comendadoras de Santiago con una misa de acción de gracias oficiada por el arzobispo de Toledo, Francisco Cerro Chaves , y a la que asistieron el César García Magán y Ángel Rubio, actual y exobispo auxiliar de Toledo. «Le pedimos al Señor que siga conservando la Orden y que sea para gloria de Dios y bien de la humanidad», declaró Sor Lucía a este periódico, recordando que «también nos han concedido la indulgencia plenaria». En el convento son 23 hermanas. La más joven tiene 23 años y la mayor, Sor María Lourdes, ha soplado las velas de los 96 y en marzo alcanzó los 75 de profesión religiosa. De las 23 hay tres españolas, dos de la República Dominicana y el resto proceden de la India. Tres continentes confluyen en Toledo. La madre superiora ahora es Sor Ángeles, aunque los últimos 30 años ha sido Sor Lucía. Este sábado, el cenobio estaba «repleto» de monjas, ya que, para celebrar la efeméride, «nos acompañan» algunas de Granada y otras de Madrid. «En los años 60 éramos sólo ocho monjas, pero el Señor nos ha bendecido porque empezamos a recibir hermanas de la India y hemos tenido suerte; han perseverado », explica. Las primeras que vinieron desde la India lo hicieron hace 37 años, mientras que las últimas llevan uno y son postulantes todavía. La rutina en el cobertizo de Santo Domingo el Real empieza «a las cinco y media de la mañana. A las seis estamos en el coro, cantamos el oficio divino y tenemos un poquito de oración. La Santa Misa es a las siete, la primera de Toledo. Y a las ocho menos cuarto ya vienen niños a la guardería. A las ocho desayunamos y después cada una se pone con la tarea: o con los niños, o con la limpieza o con la cocina». Un lugar muy importante en el convento es el obrador artesanal en el que elaboran dulces . «En Navidad no se vende mal, pero luego hay épocas en las vendemos poquísimo», reconoce Sor Lucía, que añade que resulta «necesario» como fuente de ingresos porque antes había muchos niños en la guardería, hasta más de 80 llegaron a ser, y ahora son 23.