Yo estaba en la tribuna del Congreso hace ahora siete años cuando triunfó la moción de censura de Sánchez. Recuerdo su intervención, centrada en dos ideas: la corrupción insoportable del Gobierno de Rajoy y la necesidad de una regeneración ética de la política. Ábalos tomó la palabra también , subrayando que la moción era una necesidad moral para limpiar las cloacas del Estado. El triste espectáculo del presente contrasta con aquellas promesas jamás llevadas a cabo. El nepotismo, el amiguismo, las puertas giratorias y el tráfico de influencias se convirtieron en señas de identidad de un Ejecutivo que había llegado para devolver la dignidad a la política y que se dedicó a colonizar el Estado y manipular las instituciones. Como...
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