Antes de que el fango fuera una excusa pobre, era un lugar en el que el cine extraía sus mejores diamantes, personajes abrumados por el mal, la fatalidad, las injusticias y la proximidad del precipicio. Esta película, 'Hamburgo', pasea por el fango y muestra su catálogo de perdedores, fracasados y canallas inmorales. El argumento se introduce en los ambientes de los clubes de alterne, los macarras desaprensivos y la prostitución cautiva y bajo mano dura. El personaje principal es un 'pringao', un joven que lleva toda la vida poniendo su carne en el cañón y que trabaja, gracias a un 'amigo' de la mala infancia, como 'taxista' a sueldo de la mafia local para traer y llevar a las prostitutas y a sus 'protectores'. El director, Lino Escalera , bien curtido en series televisivas y con alguna película interesante, como 'No sé decir adiós', le exprime toda la negrura a su historia nocturna y esquinada y compone bien a sus personajes, sus conflictos y sus querencias…, la amistad entre el taxista, Germán, (Jaime Lorente) y su protector (Roger Casamajor), la relación de Germán con una joven rumana atrapada en la red de proxenetas (Ioana Bugarin) o los retazos del mal pasado de Germán entrevistos a través de sus encuentros con su madre (Mona Martínez) o con la ex novia que aún lleva tatuada en su interior (Asia Ortega). Como están bien construidas las temperaturas, las calientes y las frías, y como el ritmo y la intriga se entrelazan, 'Hamburgo' siempre progresa hacia arriba y con interés. Como también las interpretaciones están todas en línea, bien, potentes (¡la voz de Roger Casamajor!) y el guion da las vueltas precisas alrededor de ellos, pues el resultado es una película que aguanta los golpes de lo feo y devuelve alguno con cierta belleza, aunque desalentadora.