El
Barça ganó su última
ACB hace dos años. De paliza (3-1) en la final contra el
Real Madrid de
Tavares y toda su colección de estrellas. Dos días después,
Laporta,
Cubells y
Navarro decidían prescindir de
Sarunas Jasikevicius. El motivo aducido fue que el entrenador lituano no quiso entrar a negociar una renovación a la baja. Consideraba que habiendo ganado dos
Ligas en tres años, una
Copa y, especialmente, habiendo clasificado el equipo los tres años para la Final 4, no había nada que recortar. Al fin y al cabo,
Saras era herencia del pasado y pensaron que ahorrándose los más de 3 millones anuales podrían compensar su ausencia fichando a jugadores más eficaces y apostar por
Roger Grimau. Pero en la vida, como en el deporte, muchas veces lo barato sale caro. Porque pagarles algunas fortunas a jugadores de rendimiento de medio pelo y negárselo a un entrenador diferencial, que iba a marcar una época, fue un mal negocio.
Saras era el hombre. La prueba la tenemos ahora. Con solo año y medio en
Fenerbahçe,
Jasikevicius ya es el entrenador campeón de la Euroliga más competida de la historia. Sin ser favoritos, los turcos supieron eliminar a
Panathinaikos en semis y dominar la final, de cabo a rabo, ante
Mónaco, el equipo revelación del año. El error de prescindir de él, histórico.
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