Los aficionados más toristas apostaron por la corrida de Dolores Aguirre. Colas como pocos días para entrar al sorteo por la mañana. Ilusión por una divisa que fue decayendo conforme salían del chiquero. Desiguales en sus seriedades, hasta el punto de que el cabreo desecadenó ese grito de las malas tardes cuando los tendidos demandan ¡toros, toros! Casta se esperaba y lo que sacaron los de Dolores Aguirre fue mala casta, pues quien vino cargado de valor, bravura, firmeza y disposición fue un torero colombiano que se la jugó sin cuento en una tarde a suerte o verdad. El tercero andaba con la fortaleza justa, a la defensiva, y desarrolló en un genio violento y peligroso. No le importó a...
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