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Gabriela Mistral y su «candidato» al premio Nobel de Literatura de 1945

“Pienso que hay varios escritores hispanoamericanos que merecen ser recordados por el continente para una presentación de este género, Rómulo Gallegos, el novelista; Alfonso Reyes, el ensayista; Cassiano Ricardo, el poeta épico del Brasil”

Por ALFREDO GORROCHOTEGUI MARTELL

El próximo 10 de diciembre se cumplirán 80 años de la entrega del Premio Nobel de Literatura a Gabriela Mistral. Como sabemos, fue la primera mujer y escritora de nuestra región en obtenerlo. Ahora bien, este reconocimiento, como en casi todo lo de Mistral, tiene muchas cosas poco conocidas, entre las cuales una tiene relación con un importante personaje de nuestra tierra (i).

Odio y amor al Premio Nobel

Nadie creerá que Gabriela Mistral, con su aguda visión del mundo, en una época en la que las noticias solo se conocían por la radio y las cartas no tenía ningún aprecio al Premio Nobel de Literatura. Son varias las expresiones escritas por Mistral sobre este incordio. La primera intervención se conoce por una carta, hoy perdida, del 1° de diciembre de 1939 al entonces embajador de Chile en Francia, Don Gabriel González Videla, a quien Mistral le dijo: “He sabido algo del movimiento hecho en Santiago para pedir que se me conceda el Premio Nobel”. Luego aclaró: “Es una iniciativa del Ecuador, que ha prendido en la Argentina también (…)”. Y más adelante insistió: “Jamás haré el papel de vocero de mi nombre literario ni de mi obra misma” (ii).

Se sabe que fue Ecuador el país que postuló inicialmente a Mistral para el Nobel. Y esto se conoce por cartas de la poeta chilena a la escritora ecuatoriana Adelaida Velasco Galdós, líder de la propuesta, en la que también le expresó con firmeza en 1939: “Vamos ahora a su empeño sobre el premio Nobel (…) No olvide usted que hay además un buen número de escritores de nuestro continente que valen tanto o más que yo” (iii). Luego, en 1945, Mistral escribió al embajador de Chile en Suecia respondiendo una solicitud que este le hacía a ella, respecto de la posibilidad de ser premiada con el importante reconocimiento internacional: “Ha habido de mi parte alguna desidia: yo no he creído ni creo que me sea adjudicado ese premio, hasta hoy demasiado europeo para que alcance a nuestras literaturas nuevas, realmente ‘de ayer” (iv).

Como se observa, Mistral no cree en el Nobel de Literatura, o por lo menos, no se reconoce a sí misma como merecedora de este importante lauro. No hay que olvidar que el Nobel ha pasado por distintas etapas según los países de los premiados. Al menos, en la primera mitad del siglo XX, que son los tiempos de Mistral, se reconocen tres de estas etapas. A la primera se le denominó regionalista (entre 1901 y 1917), en la que se concentró en unos pocos países; una segunda etapa fue denominada de tímido aperturismo (entre 1919 y 1939), enmarcada en el período de entreguerras, y una tercera denominada de progresiva consolidación (entre 1944 y 1963), instalada en el marco histórico de la Guerra Fría, en cuyo espacio fue galardonada nuestra poeta chilena (v).

Pero… ¿cómo se enteró Mistral de que fue la elegida y cuál fue su reacción? Interesante pregunta, porque después de este despliegue de negaciones, no hay duda de que la noticia debió ser muy sorprendente para ella. Aconteció en Brasil, un mes antes de recibirlo presencialmente de manos del Rey Gustavo V de Suecia. Mistral le contó a una de sus biógrafas, Matilde Ladrón de Guevara, lo que le sucedió al saberse galardonada. Era el 15 de noviembre de 1945: “Estaba sola en Petrópolis, en mi cuarto de hotel, escuchando en la radio las noticias de Palestina. Después de una breve pausa en la emisora, se hizo el anuncio que me aturdió y que no esperaba. Caí de rodillas frente al crucifijo de mi madre, que siempre me acompaña, y bañada en lágrimas oré: “¡Jesucristo, haz merecedora de tan alto lauro a esta humilde hija!” (vi). No es necesario mostrar más datos y hechos sobre el poco deseo o acerca de la firme seguridad de no ser la merecedora de este gran premio. Talante de una mujer profundamente realista, humilde y llana de corazón.

El candidato de Mistral al Premio Nobel de Literatura

No obstante, lo anterior, es muy poco conocido el hecho de que Gabriela Mistral hizo una propuesta relacionada con nuestro país. Y quiero destacar ese hecho complementando las mismas citas mistralianas expuestas más atrás. En la primera de todas, de 1939, en misiva al embajador de Chile en Francia, Mistral termina su negación al premio ofreciendo con una coletilla una opinión personal de este talante. Le dice: “Por otra parte, pienso, que hay varios escritores hispanoamericanos que merecen ser recordados por el Continente para una presentación de este género, Rómulo Gallegos, el novelista; Alfonso Reyes, el ensayista; Cassiano Ricardo, el poeta épico del Brasil” (vii). Luego, en la carta a la escritora ecuatoriana Adelaida Velasco Galdós le dice: “No olvide usted que hay además un buen número de escritores de nuestro continente que valen tanto o más que yo, hay novelistas de primer orden. Ventura olvida que existe Rómulo Gallegos” (viii). Se refería a Ventura García Calderón, escritor peruano-francés, quien pudo postularse al Nobel porque tenía contactos europeos, y —ayudado por amigos— logró recoger firmas de escritores españoles y suramericanos, pero su postulación no prosperó.

Las frases “Rómulo Gallegos el novelista” y “Ventura olvida que existe Rómulo Gallegos” son claras: Mistral conocía la obra de Gallegos. Pero también cita a otros escritores, con lo cual, no solo daba cuenta de la obra galleguiana sino la de otros autores de la región. En ese sentido, Mistral fue una escritora que estuvo al día con lo que se estaba realizando en la literatura de nuestro contexto latinoamericano. Y en efecto, Mistral se había acercado a Doña Bárbara, publicada por primera vez en febrero de 1929 por la editorial Araluce de Barcelona. Se trata de una edición que, por cierto, Gallegos tuvo que costearse porque el editor no quiso arriesgarse con un autor desconocido. Luego, en septiembre de ese mismo año, Doña Bárbara obtiene el premio Mejor Libro del Mes, instancia que supondrá su consagración internacional. Los miembros del jurado fueron críticos literarios de gran prestigio, pertenecientes algunos a la Generación del 98, como Azorín y José María Salaverria. Después, Doña Bárbara sería publicada en Caracas el año 1930 por la editorial Elite. Estos datos de la publicación de esta novela son elocuentes, porque cuando Mistral y Gallegos se conocieron en Nueva York en agosto de 1931, ya la poeta y futura Nobel de Literatura había leído, como ya dijimos, la novela de aquel, pero no sabemos qué edición leyó, si la española o la venezolana. Imaginemos el esfuerzo que hizo Mistral por conseguir esta obra en una época en la que, si bien los correos funcionaban, hacer llegar con prontitud libros de un continente a otro no debió ser algo muy habitual.

También se sabe que, en la conversación de ese primer encuentro en Nueva York, Mistral le preguntó directamente a Gallegos si las tierras venezolanas eran tales como las había pintado en su novela Doña Bárbara. No se conoce que contestó nuestro novelista, sin embargo, posteriormente, patrocinada por la Federación Latinoamericana de Estudiantes, el 1° de septiembre de ese mismo año, Gallegos ofreció una conferencia en el Nicholas Roerich Museum. La tituló Las tierras de Dios y la dedicó a explicar la situación de la Venezuela de aquel entonces. Durante ese evento, Gallegos expresó: “Me pregunto si no habría sido más propio calificar de tierras satánicas a estas que vengo llamando de Dios. La expresión la tomo de habérsela oído hace pocos días a Gabriela Mistral, como habláramos de cosas de nuestra América y ella me preguntase si eran realmente mis tierras venezolanas tal como las he pintado en Doña Bárbara. Tierras propicias al bárbaro brote, tierras que vuelcan el fondo del alma y abren la jaula a los pájaros negros de los torvos instintos; pero tierras recias, corajudas, buenas también para el esfuerzo y la hazaña” (xix).

Mistral y Gallegos: admiración mutua

Pienso que Mistral muy probablemente ya conocía las demás novelas de Gallegos publicadas en ese decenio: Reinaldo Solar (1930), Cantaclaro (1934), Canaima (1935) y Pobre Negro (1937). De no ser así ¿cómo pudo concluir, en 1939, como apuntáramos en el inicio, que Gallegos debería ser el merecedor del Nobel? Mistral era una mujer muy seria en lo que opinaba sobre el arte de escribir en otros. Si dijo que Gallegos era el merecedor del Nobel, lo dijo porque conocía su obra, y esta la habría impactado. Por ejemplo, en un artículo del diario chileno El Mercurio, en octubre de 1936, dedicado a homenajear a la escritora venezolana Teresa de la Parra, quien había fallecido en el mes de abril de ese mismo año y era admirada también por la poeta chilena, daba cuenta de la muerte de esta escritora y del deseo de Mistral de que pudiese resucitar o volver, dirigiéndose a las mujeres venezolanas y al mismo Gallegos, exclamando la paternidad del novelista sobre los escritores de la región: “A Rómulo Gallegos, su hermano mayor en el relato de América” (x).

Para la Edición Conmemorativa del 25° aniversario de Doña Bárbara (1929-1954), se le pide a Mistral un texto en el que ella ofrezca su propio homenaje al escritor venezolano. Dijo así, revelándonos su agudo y sincero pensamiento sobre Rómulo Gallegos como escritor y como persona: “Mucho celebro la noble y feliz idea de hacer llegar a este Maestro ausente de su Patria la expresión de nuestra fidelidad a su obra admirada y celebrada en todo el ambiente de la lengua española. Los escritores de nuestra lengua hemos recibido de él, además de la gracia subida de su obra magistral, el ejemplo de su limpia y noble vida” (xi).

Como dije antes, el 15 de noviembre de 1945 Mistral escuchó la noticia de su elección para el Nobel. Pues bien, al día siguiente, 16 de noviembre, apareció publicado en el diario El Tiempo de Bogotá, Colombia, el siguiente cable de la Associated Press a Gabriela Mistral, fechado en Caracas, 15 de noviembre de 1945: “Rómulo Gallegos, notable novelista venezolano y candidato a la presidencia de la República por el partido de Acción Democrática, dijo que está plenamente complacido por la adjudicación del Premio Nobel de Literatura a la poetisa chilena Gabriela Mistral. Dijo Gallegos que tuvo oportunidad de conocerla personalmente en Nueva York y que tiene en muy buena estima su obra” (xii). No podía hacer menos nuestro novelista por reconocer y felicitar a Mistral. Queda clara, así, la mutua admiración y respeto entre dos gigantes de las letras de nuestro contexto latinoamericano. Valdría la pena profundizar mucho más en estas relaciones, sacando de ellas, las coincidencias en materia literaria, política, social y educacional. En esta última, por cierto, estos dos grandes genios coincidieron, pues, ambos tuvieron casi exactamente el mismo lapso de sus vidas trabajando como educadores: Mistral, 19 años, y Gallegos, 18 años; llegando a ser, además, por mérito propio, directores de los centros educativos donde trabajaron.

A modo de conclusión

Hay que seguir construyendo puentes entre nuestras naciones a través del estudio de estas relaciones. Puentes que permitan seguir enriqueciéndonos de las obras de estos maestros con vidas que se encuentran estrechamente conectadas entre sí, no solo a nivel intelectual, sino a nivel de preocupaciones en el contexto de sus espacios vitales.

Mistral y Gallegos siguen iluminándonos en el transitar de nuestra historia con sus valores llenos de sentido e ideales que nos ayudan a promover y construir, entre otras muchas cosas, lo expresado al final de Doña Bárbara donde se puede sustituir la palabra “llanura” por “tierra”: “¡Tierra venezolana! Propicia para el esfuerzo, como lo fue para la hazaña, tierra de horizontes abiertos, donde una raza buena ama, sufre y espera!…” (xiii).


*Alfredo Gorrochotegui Martell es Doctor en Educación. Master en Historia. Profesor investigador invitado. Universidad de Navarra. España.


i Agradezco la revisión y comentarios a este artículo que amablemente fueron realizados por Rafael Enrique Tobía, Profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad Diego Portales, Santiago de Chile.

ii Norberto Pinilla, Biografía de Gabriela Mistral (Santiago: Editorial Tegualda, 1946), 72-73.

iii Gabriela Mistral, «A Adelaida Velasco Galdós. 1939. Suiza», en Obra Reunida Gabriela Mistral, Tomo VIII, Cartas (Santiago: Ediciones Biblioteca Nacional, 2020), 265.

iv Gabriela Mistral, «Oficio consular de Gabriela Mistral sobre eventual Premio Nobel II. 30 de abril de 1945», en Obra Reunida, Tomo VIII, Cartas, 361.

v Juan Bravo Castillo, Breve historia de los premios Nobel de la literatura I (Madrid: Ediciones Nowtilus, 2022), 19-21.

vi Matilde Ladrón de Guevara, Gabriela Mistral, rebelde magnífica (Buenos Aires: Editorial Losada, 1962), 39.

vii Pinilla, Biografía de Gabriela, 73.

viii Gabriela Mistral, «A Adelaida Velasco Galdós. 1939. Suiza», 265.

xix «Las tierras de Dios», en: Rómulo Gallegos, Una posición en la vida (México: Ediciones Humanismo, 1954), 118-119.

x Gabriela Mistral, «Teresa de la Parra», El Mercurio, Santiago, 4 de octubre, 1936, 2.

xi Gabriela Mistral, «Para el homenaje de Rómulo Gallegos» [manuscrito]. Roslyn Harbor, Nueva York, 8 de agosto de 1954. Archivo del Escritor, Legado Gabriela Mistral Donación de Doris Atkinson 2007. Biblioteca Nacional de Chile.

xii «Por radio tuvo Gabriela Mistral la primera noticia acerca de la adjudicación del Premio Nobel», El Tiempo, Bogotá, 16 de noviembre, 1945, 19.

xiii Rómulo Gallegos, «Doña Bárbara», en: Rómulo Gallegos, Obras completas (Madrid: Aguilar, 1958), 799.

La entrada Gabriela Mistral y su «candidato» al premio Nobel de Literatura de 1945 se publicó primero en EL NACIONAL.

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