Habían pasado 18 años de la última final y tuvo que aterrizar en Londres
Mariona Caldentey, con
tres Champions, un Mundial y
una Nations League en la maleta, para devolver al
Arsenal a la gloria europea. Aunque casi nadie apostaba nada por las ‘gunners’, segundas en la
Liga inglesa a 12 puntos de un
Chelsea que fue vapuleado por el
Barça en semifinales (8-2 global), el mero hecho de haberse cargado como visitante el todopoderoso
Olympique Lyon (1-4 en la vuelta) era motivo suficiente para mantener en alerta a las culés.
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