Desde las 18.54 hasta las 19.54 de este domingo el
Espanyol fue equipo de Segunda división. Esos fueron los 60 minutos que transcurrieron desde que
Javi Hernández marcó el 1-0 en
Butarque, en el
Leganés-Valladolid, hasta que
Javi Puado anotó desde el punto de penalti el tanto con el que, por fin, el
Espanyol inauguró el marcador del
RCDE Stadium en su duelo ante
Las Palmas. Fueron 60 interminables minutos en los que los 32.511 pericos presentes en el feudo blanquiazul se quedaron con el corazón en un puño. ¿De verdad podía irse a Segunda su equipo sin ser capaz de ganar uno de los siete ‘match-balls’ de los que había dispuesto para certificar la permanencia? ¿En serio? Ni siquiera los pericos, más que acostumbrados a que la historia les niegue la gloria de las formas más crueles imaginables (véase lo de
Leverkusen 1988 y lo de
Glasgow 2007), podían entender que su equipo se fuera a Segunda por no ser capaz de ganar a una
UD Las Palmas que acudió al
RCDE Stadium sin jugarse nada, habiendo perdido la categoría de antemano y con un total de ocho jugadores de su filial en la convocatoria.
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