El primer paso para reaccionar a un ‘palo’ como el de
Lisboa es que duela. Y las lágrimas de las jugadoras del Barça en el césped del estadio
José Alvalade dejan claro que caer en la final de la UEFA Women’s Champions League ante el
Arsenal hizo mucho daño. Nadie pecó de exceso de confianza ante el Arsenal, digno campeón gracias a un solitario gol de la sueca
Blackstenius. Nadie se relajó. Nadie lo dio por hecho. Simplemente es el caprichoso fútbol porque el equipo azulgrana también hizo méritos para ganar. Pero ese balón, tan odiado cuando no quiere entrar, también da segundas oportunidades. Y el Barça ya tiene un objetivo en mente para quitarse la espina: el
Ullevaal Stadion de Oslo, sede de la final en 2026, espera.
Seguir leyendo...