La proliferación de puestos de restauración en los mercados municipales de Alicante se ha convertido en un arma de doble filo. Aunque los placeros reconocen que, por un lado, generan economía circular en los propios mercados al nutrirse de productos locales y atraen a nuevos visitantes, por otra parte también suponen un riesgo para el modelo tradicional de venta de productos.