Esa voz que ahora pronunciará las palabras de Jesús la conocí en conversaciones interminables que dibujaban sueños de una hermandad que tal vez fuera imposible, proyectos que parecían quimeras y que fueron verdad por la inspiración del mismo Dios que lo llevó a este día grande. Esa mirada mansa en cualquier charla de cualquier cosa será ahora la que tenga que escuchar los pecados , invitar a la conversión y consolar tras el arrepentimiento con la misericordia del padre que recibe al hijo pródigo. Esas manos que estreché y que me palmearon la espalda al abrazarme tendrán desde ahora -qué temblor hasta para escribirlo quien no tiene que hacerlo- que alzar el pan para que sea carne de Cristo ,...
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