El mismo día que León XIV iniciaba su pontificado, este cronista decidió hacerse presente de algún modo en la plaza de San Pedro para seguir la eucaristía. Claro que era la de aquí, en Sevilla, y no la de Roma. Así que esperó a que concluyera la cuidada retransmisión de Canal Sur con muy atinados comentarios y se encaminó a la parroquia dedicada al primer Papa para la misa de una de la tarde. No hubo cardenales (un seminarista acolitaba) ni coral (el propio oficiante entonó el canto de entrada, el sanctus o el agnusdéi) ni se hizo más mención del nuevo Pontífice que en el memento de vivos cuando la plegaria eucarística pide por la Iglesia y sus cabezas...
Ver Más