Para los amantes de la lectura, de los libros en general, el camino hacia el paraíso es la filología (con sus variantes). Cuando se entra en la carrera o simplemente se sigue la curiosidad con algo de método, te dicen que hay que estudiar estilística, gramática, retórica y hasta fonética y fonología. Poco a poco, surgen los conceptos con toda la fuerza de los nombres complejos: antanaclasis, apócope, homoioteleuton, ritmo yámbico, sinéresis y otros muchos que -mírese bien- parecen insultos de discoteca. El acabose llega con la teoría o, mejor, las teorías: ya no vale con Aristóteles -que algunos olvidan- sino que hay que mirar los textos como casos clínicos de psicoanálisis, construcciones autónomas sin padre ni madre (el autor...
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