Me pregunto cómo nos ven desde el poder. A los poderosos les gusta mucho lucir gafas demoscópicas, tan molonas. Con ellas ven las estadísticas, que nos manejan como números, y así se sienten, los políticos, sacerdotes de las interpretaciones. Y entonces vemos a un presidente del Gobierno subir al púlpito —como hizo Sánchez el otro día en el Museo del Traje — a explicarnos (en plan ‘mansplainning’ ideológico) que sólo vale la cultura comprometida con la agenda política que él decide con su sanedrín, y que la cultura ya no puede ser lugar de encuentro de diferentes, incluso muy diferentes, sino de los mercenarios o los entusiastas de ciertos valores que él decide imponer y sus equipos riegan con los...
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