En el viejo corazón de Sevilla, donde la devoción se funde con el arte, Francisco Antonio Ruiz Gijón dejó para la eternidad uno de los mayores prodigios de la escultura barroca española: el Cristo de la Expiración. No se puede hablar de Triana sin que el nombre de este escultor barroco surja como el repique de una campana de forja en la madrugada del Viernes Santo. Nacido en Utrera en el año 1653, su imaginería no es escultura sino suspiro detenido; una lección de anatomía que aún hoy conmueve a creyentes y ateos. Cuentan —y en Sevilla la leyenda vale tanto como el archivo notarial— que se inspiró en un gitano conocido como ‘El Cachorro’ al que vio morir apuñalado....
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