Irse a vivir a otro país implica una serie de descubrimientos que van más allá del idioma. Los conocidos como choques culturales , pueden manifestarse en multitud de escenarios, incluso en los pequeños detalles cotidianos: desde los saludos y los horarios de las comidas, hasta la forma en la que se vive el ocio . España, por ejemplo, es famosa por tener una vida nocturna vibrante, intensa y prolongada. Mientras en muchos países europeos la noche termina a las dos de la madrugada, aquí apenas está comenzando. Las cenas a las diez, los bares hasta las tres y las discotecas abiertas hasta el amanecer forman parte de una rutina nocturna que puede desconcertar a quienes la viven por primera vez. Y eso fue precisamente lo que le ocurrió a Alexandra Kononovich, una joven rusa que reside actualmente en Barcelona y que, a través de un vídeo publicado en su cuenta de TikTok , compartió su experiencia tras salir una noche de fiesta por la capital catalana. «Decidí salir con mis amigos ayer», comienza diciendo en el vídeo, en el que se muestra con cara de evidente agotamiento . Como muchos jóvenes, su intención era desconectar un rato , salir a tomar algo y volver a casa a una hora prudente. «Pensaba que estaría en casa a las tres, llegué a casa a las 6 y tengo que ir a trabajar en 30 minutos», confiesa, aún atónita por lo que acaba de vivir. Una escena ampliamente conocida para cualquiera que haya salido por una ciudad española: empiezas con unas cañas a las nueve, terminas cenando a las once, entras en la discoteca a la una y cuando te das cuenta, el sol empieza a salir y tú todavía estás bailando. Y es que, como ella misma sentencia, «la fiesta en Barcelona no está hecha para débiles» . La experiencia de Alexandra pone de manifiesto una de las diferencias más llamativas entre España y otros países europeos: los horarios nocturnos . Este tipo de testimonios han sido recurrentes entre expatriados y turistas, donde muchos se ven arrastrados por la energía de la ciudad sin estar del todo preparados para ella. Porque no se trata solo de las horas, sino también del ambiente: en Barcelona hay fiesta cualquier día de la semana , con planes que surgen sin previo aviso y un sinfín de locales que ofrecen música para todos los gustos. Una experiencia que exige resistencia , pero que también ofrece un abanico de sensaciones difícil de encontrar en otros lugares. Y aunque para muchos puede parecer excesiva, para otros es una parte inseparable del estilo de vida mediterráneo .