Los récords caen a raudales estos días en el
Everest, convertido prácticamente en
un parque de recreo masificado donde cada persona que alcanza la cima busca un dato o componente épico para añadir más empaque si cabe a su gesta. Lo que un día parecía una
marcianada, alcanzar el techo del mundo, es ahora
un reto popular y turístico donde el alpinismo parece quedar ya muy alejado en un segundo plano.
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