A medida que envejecemos, el cuerpo experimenta una serie de cambios que pueden afectar a nuestra salud y calidad de vida. La opción más conformista es la de apuntarse a los famosos 10.000 pasos y considerar que con esa actividad física es suficiente. Y no, no lo es. Aunque es una práctica muy recomendable y sana en términos cardiovasculares, no permite generar adaptaciones muy concretas que son necesarias ante los estragos del envejecimiento. El entrenamiento de fuerza es una herramienta fundamental para contrarrestar estos efectos y mejorar otros indicadores de salud que también son muy importantes. Aunque hay muchas maneras de entrenar fuerza, mover y cargar peso es la más evidente y con mayores beneficios. Antes de explicar qué hay...
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