Febrero de 2022. Hacía pocos minutos que habíamos llegado. Bajé para revisar la conexión del wi fi. Pero una vez ya en el cuarto quedé capturado por el paisaje que se metía por la ventana. La bahía –que parecía un anfiteatro- se vestía de un sol acariciado por el vuelo de las gaviotas. Barcos cargueros despuntaban en el horizonte. Un artillero se dejaba ver a lo lejos y más cerca algún velero se animaba a disfrutar las bondades del verano.