Fernando Alonso golpeaba el volante al cruzar la línea de meta de
Imola. Se pegaba golpes en el casco. Estaba enfadado con la mala suerte. Se había quedado a 8 décimas del 10º, a nada de poder adelantar a
Yuki Tsunoda con rueda nueva al aprovechar un ‘Safety Car’ final que volvía a darle alguna pequeña esperanza de lograr unos puntos que está seguro que podía haber logrado si no hubiese aparecido un coche de seguridad virtual en la vuelta 30, que permitió que aquellos que no habían parado, lo hicieran gratis, adelantándole y dejándole lejos de su objetivo.
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