Actualmente, la investigación liderada por el fiscal regional de Arica, Mario Carrera, avanza hacia la formalización de al menos cuatro funcionarios militares, bajo cargos de apremios ilegítimos con resultado de muerte y lesiones a otros 45 conscriptos.
Antuco: 20 años de una tragedia evitable
El 4 de abril de 2005, cerca de 400 jóvenes conscriptos ingresaron al Regimiento Reforzado n.º 17 Los Ángeles del Ejército para cumplir con el servicio militar, que a la fecha, aún era obligatorio. 45 días después, 44 de ellos murieron producto de la negligencia del mando al momento de realizar una instrucción militar. Un sargento segundo corrió la misma suerte.
El 18 de mayo de 2005, y bajo las estrictas órdenes del mayor Patricio Cereceda, un grupo de conscriptos realizó un ejercicio militar en las cercanías del Volcán Antuco, en la Región del Biobío, en condiciones de frío extremo, sin la implementación adecuada para las temperaturas que eran -25°, y además, con un viento blanco, lo que no permitía la visión.
44 conscriptos y un sargento murieron en la nieve al no soportar la ventisca por diversos factores, entre ellos, su precaria vestimenta que no soportaba bajas temperaturas ni el paso por cauces de aguas gélidas, además de la falta de preparación y la falta de visibilidad. 77 sobrevivieron a la inhumana marcha. De ellos, algunos sufrieron graves daños psicológicos al ver a sus compañeros morir o ser rescatados en malas condiciones.
La tragedia no terminó ahí, sino que se extendió hasta el 6 de julio, día en que se encontró el último cadáver de los fallecidos.
En conversación con Radio y Diario Universidad de Chile, la presidenta de la Agrupación de Familiares y Amigos de las Víctimas de Antuco y hermana del fallecido sargento segundo Luis Moranes, María Ángelica Monares, sostuvo que “la vida de todos nosotros cambió después del 18 de mayo de 2005”.
“Trabajamos en que no se olvide lo que ocurrió, trabajamos en que los hechos de conmemoración tengan un margen de respeto y de no olvidar jamás”, puntualizó Monares.
Sargento segundo Luis Monares Castillo
Tras una larga investigación llevada adelante por la Justicia Militar, Patricio Cereceda fue el único militar condenado a cárcel por la tragedia de Antuco. Fue sentenciado a cinco años de pena efectiva, que debía cumplir en el penal Punta Peuco por cuasidelito de homicidio e incumplimiento de deberes militares. De su condena, solo pasó tres años tras las rejas y el 2011 salió bajo la libertad vigilada.
El 2023, Cereda fue contratado por el Ejército para dar charlas sobre el conflicto en medio oriente entre Israel y Palestina.
“Nosotros, que vivimos con lo que significa el episodio histórico y doloroso de la tragedia de Antuco, en alguna medida o en cierta medida, por más que haya voluntades de algunos sectores, no es entendible cómo se recontrata a una persona que causó la tragedia“, enfatizó la presidenta de la Agrupación de Familiares y Amigos de las Víctimas de Antuco.
“En Chile creo que todos tenemos apreciaciones de la deuda de los que significa los sistemas judiciales civiles y ni hablar del sistema de justicia militar, el sistema que imperó en el caos de la tragedia de Antuco, es un sistema que sin ninguna duda se quedó con toda la deuda del mundo. Un sistema que no operó y no se aplicó en el sentido de cargar las verdaderas responsabilidades a los que causaron la tragedia”, puntualizó.
Para Monares, “los ciudadanos, los seres humanos, tenemos la obligación de seguir hablando de la necesidad de justicia, de la necesidad de no olvidar” a los 44 conscriptos que fallecieron ese día.
“Pero esa necesidad de justicia también debería ser igualmente responsable por parte de las instituciones que causan el daño. Por lo tanto, incluso para guardar el prestigio del Ejército, jamás se debió haber contratado a Patricio Cereceda, en ningún caso”, cuestionó Monares.
El actuar del Estado ante la tragedia y las lecciones
La noticia de lo que sucedía en Antuco copó rápidamente los noticieros. Cerca de las seis de la tarde de ese 18 de mayo, en una oficina en el Ministerio de Defensa, Gabriel Gaspar, quien se desempeñaba como subsecretario de la extinta Subsecretaría de Guerra de Chile, entidad que supervisaba las relaciones del Ejército con la sociedad civil, recibió la información de lo que sucedía en la Región del Biobío.
“Me llamó el secretario general del Ejército para informarme que había problemas con el regimiento de Los Ángeles porque no habían llegado a tiempo a su refugio y presumían una desgracia. Me dieron un número relativamente bajo de personas desaparecidas. Yo le pedí que me actualizaran la información, informé al ministro y a los pocos minutos me volvió a llamar el secretario general y me dijo: ‘Se mantiene la información, pero el número de posibles víctimas es mayor‘. Así fue aumentando hasta llegar a los 45″, relató.
“Fue la experiencia más dolorosa que me ha tocado vivir en el ámbito del mundo de la defensa. La muerte de tantos conscriptos, sin lugar a dudas, es un hecho triste y muy irreparable, digamos, para las familias, para las propias víctimas y para todo Chile en general”, agregó Gaspar, quien ha ocupado los cargos de subsecretario de Guerra de Chile, para Las Fuerzas Armadas y de Defensa en los Gobiernos de Lagos, Bachelet y Boric, respectivamente.
Exsubsecretario de Defensa, Gabriel Gaspar
Gaspar sostuvo que esta tragedia trajo dos sensaciones, la primera la “profunda tristeza” y la segunda “una reflexión” de por qué pasó y qué habría qué hacer para que hechos tan lamentable como la muerte de 44 conscriptos y un sargento no vuelva a ocurrir.
“Eso obligó a un examen muy riguroso que tiene dos aspectos a grandes rasgos. Uno es cómo manejar la crisis y lo otro, qué lecciones aprendidas uno puede extraer de esta crisis”, puntualizó.
“Hay una reflexión que nosotros valoramos mucho y es que en situaciones de crisis hay que actuar de inmediato, con transparencia completa. Hay que entregar todos los datos de lo que está pasando, por doloroso que sea. Eso lo tienen que hacer los mandos más altos, tanto militares como políticos, que fue lo que se hizo en ese momento. Ahí estuvo el comandante en jefe del Ejército y también está el ministro de Defensa”, detalló respecto al actuar de las instituciones ante los hechos ocurridos el 18 de mayo de 2005.
“Antuco también nos enseñó la necesidad, y nos actualizó, de tener un adecuado manejo de crisis de manera que se combinara eficiencia en la respuesta ante la tragedia, pero también transparencia ante la población, las víctimas y sus familias involucradas“, complementó el experto en defensa.
En esa línea, el exsubsecretario evidenció que mientras se atendían a las familias de los fallecidos y sobrevivientes, se comenzó con los sumarios y apertura de los juicios respectivos a los responsables de la tragedia.
Asimismo, evidenció que las lecciones de Antuco son muchas: “Yo diría que lo principal es atender que por encima de la instrucción, por encima de cualquier consideración, está la seguridad del personal. Y allí se fueron detectando muchas fallas que se cometieron, como también de medidas preventivas que se debían de tomar para evitar tragedias así en el futuro que tenían que ver, fundamentalmente, en términos muy generales, con equipamiento y, en segundo lugar, con los procedimientos a emplear en ese tipo de casos”.
“Todo eso fue objeto de análisis al tomar el Ejército con la oficialidad. Se crearon medidas muy concretas de oficina de atención al soldado, tanto conscripto como profesional. Toda la creación de un departamento de lecciones aprendidas en el Ejército”, sentenció.
Las similitudes de la tragedia de Antuco con la fatal marcha de Putre
El 27 de abril de 2024, el conscripto Franco Vargas, falleció en medio de una marcha de instrucción militar en la localidad de Pacollo. Este hecho hizo recordar la tragedia de Antuco.
Sebastián Andrade, abogado de la familia del conscripto, relató el pasado 2 de mayo de 2024 que el entrenamiento, por el cual el joven falleció, comenzó el sábado 27 de abril a las 5 de la mañana. Se desplazaron por más de 3 mil metros de altura y con -15 grados.
El profesional añadió que: “Los soldados vestían únicamente una polera, además de sus pantalones, no una primera capa. Antes de iniciar Franco le dice al coronel ‘yo no me siento en condiciones, no creo que lo vaya a lograr’ y el coronel hace caso omiso. Salen a caminar, Franco se desvanece, se desmaya”.
“El coronel repetidamente lo humilla, esto por testimonios de otros conscriptos, lo trata de cobarde, lo trata de maricón, lo trata de que ese no es un soldado y que no pueden tener a personas así“, complementó Andrade.
En conversación con nuestro medio, Romy Vargas, madre del conscripto fallecido, sostuvo que tanto la muerte de su hijo como lo sucedido en Antuco “deja en evidencia de que el Ejército no tiene ningún cuidado con las personas que quieran pertenecer a su fila. Eso es lo que me queda de impresión y lo que han demostrado hasta el día de hoy”.
Romy Vargas. Foto: Agencia Aton.
“No hay un control ni un seguimiento y estas personas hacen y deshacen lo que ellos quieren y muchas veces toman decisiones súper equivocadas, evidenciadas con lo que pasó en Antuco y en el caso de mi hijo, así como en muchos otros casos más que no han sido mediáticos, que se han mantenido bajo el margen de la opinión pública, pero han sido muchos más. Estas personas no tienen ningún seguimiento ni alguien que los supervise”, cuestionó Vargas.
“El ejército es reactivo, no proactivo. Siempre actúa después del desastre. Lo único que me queda de experiencia y con todo lo que he visto es que un ente distinto al Ejército tiene que supervisarlo. Es la única solución. Porque si son ellos mismos, va a seguir ocurriendo y va a volver a pasar alguna tragedia similar”, sentenció.
Tras la muerte de Franco Vargas, el Ejército cursó el retiro al general de la VI División, Rubén Castillo y del comandante de la brigada, Claudio Guajardo. Asimismo, dispuso el retiro temporal desde el 12 de noviembre de 2024 para dos oficiales y dos suboficiales.