Un hombre recoge del suelo los excrementos de su perro, se acerca a una papelera y en lugar de hacerle un nudo y tirar la bolsita, la abre y vierte los desechos en el cubo. Luego pliega cuidadosamente el envoltorio antes de guardarlo en el mango de la correa. Ocurrió esta semana. Creo que es un inmejorable ejemplo de reciclaje (o de cutrez) llevado al límite de la elasticidad comprensiva. Desconozco si este señor hace eso todos los días o si es algo habitual en los paseadores de perros, yo diría que no, pero lo cierto es que ese gesto me lleva a reflexionar sobre lo complicado que es el mundo del reciclaje. Galicia cuenta con buenos ejemplos en tecnología...
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