Pedro Fernández de Bobadilla navegó entre la santidad y la barbarie. De noble linaje, asió con fuerza los votos religiosos en el siglo XVI y se unió a los frailes dominicos. Pero, casi con la misma virulencia que se había rendido a Dios, abandonó aquella vida tras verse envuelto en una infinidad de escándalos sexuales y tentaciones carnales. A partir de ahí, su devenir fue todavía más caótico si cabe: se convirtió en corsario, reunió una flota de naves y se dedicó al pillaje durante años. Pero hasta la peor calaña puede hallar redención. Arrepentido, solicitó el perdón de la Cristiandad, y esta respondió. En la última parte de su existencia, el mismo Carlos V le puso al frente de...
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