Gabriela Mistral: el espejo de lo mejor de Chile
Este año, el 10 de diciembre, se cumplen 80 años desde que Gabriela Mistral, nacida en la pequeña y otrora aún más remota Vicuña, se convirtiera en la primera escritora latinoamericana, y hasta ahora la única mujer de la región, en recibir el Premio Nobel de Literatura.
Un aniversario que, más que una conmemoración protocolar, está dando lugar a una multiplicidad de acciones -como las anunciadas hoy por los ministerios de Transportes y Culturas junto al Metro en el transporte público, o las que impulsan universidades y editoriales- que invitan a reencontrarse con una figura cuya riqueza desborda todo intento de encasillamiento. Desde iniciativas oficiales hasta expresiones autogestionadas, lo que comienza a tomar forma es un mosaico diverso de lecturas y apropiaciones, que reflejan no solo la complejidad de Gabriela, sino también, como si nos miráramos a un espejo, la variedad de miradas que coexisten en nuestra sociedad.
Porque Gabriela Mistral fue muchas cosas a la vez, y ahí reside parte de la fascinación que produce. Una mujer que cruzó las fronteras de género, clase, geografía y tiempo. Una maestra rural que se volvió diplomática con una mirada global. Una mujer que pensó y sintió profundamente a América Latina y que debió esconder partes de sí misma para sobrevivir en una sociedad profundamente conservadora. Su vida nos interpela porque desafía los moldes identitarios que aún hoy nos restringen. Por lo mismo, toda lectura parcial de su obra corre el riesgo de simplificar a quien justamente encarnó la complejidad. Gabriela es, a la vez, todas las mujeres que fue, y no sería adecuado que una oscureciera a las otras.
En momentos donde el país parece signado por el miedo de las personas, la agresividad de la política y la incertidumbre ante el futuro, su obra -sensible, política, espiritual y profundamente humana- nos ofrece también una oportunidad para mirarnos de otro modo. Tal vez en su poesía diversa podamos encontrar una vía para canalizar nuestras propias contradicciones colectivas. En un Chile donde muchas veces se repite que “somos un país de poetas”, vale la pena recordar que esas personas no son un accidente ni una gracia de individual, sino frutos de un acervo que existe en el conjunto de la sociedad, a pesar de todo.
Por eso, el camino hacia el próximo 10 de diciembre -fecha exacta del aniversario del Nobel- podría convertirse en algo más que una efeméride. Soñemos: podría ser una celebración nacional que, en medio de las tensiones y las dificultades del Chile actual, nos permita reunirnos en torno a lo mejor de nosotros mismos. Porque si algo nos enseña Gabriela Mistral, es que incluso desde el rincón más apartado como la alguna vez pobre y aislada Vicuña, pueden brotar voces que ilumine alrededor, aunque no necesariamente ganen el Premio Nobel.