Termina la etapa, llegas al bar con la grupeta, te quitas el casco, sonríes y alguien dice esas palabras mágicas: “¿Una cerveza?”. Es un clásico del ciclismo popular. Da igual si ha sido una ruta de 50 o de 150 kilómetros: la cerveza post-bici se ha ganado su lugar como premio, ritual y excusa para alargar la charla.
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