En el mundo de la hostelería, cada segundo cuenta y cada herramienta se convierte en una aliada inesperada. Así lo demostró una camarera que, en pleno servicio, se vio en una
situación comprometida y recurrió a un recurso poco habitual para pedir ayuda:
la PDA, ese pequeño ordenador de bolsillo donde los camareros anotan los pedidos de los clientes.
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