Jannik Sinner volvía a finales de la semana pasada al circuito profesional de tenis después de cumplir los tres meses de sanción que pactó con la Agencia Mundial Antidopaje. Lo hacía en Roma, en su país, y arropado por sus aficionados. La pista central del Foro Itálico, repleta de público y con banderas italianas ondeando entre los graderíos, volvió a escuchar su nombre entre aplausos. El murmullo, sin embargo, estaba fuera. El número uno del mundo inició su castigo poco después de ganar el Open de Australia, y más allá de las dudas sobre su estado de forma, había una curiosidad extrema por el recibimiento. De momento, el de San Cándido, que este jueves juega los cuartos de final del...
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