Un día, Donald Trump exige un alto el fuego incondicional. Al siguiente, apremia a los ucranianos a ceder y reunirse con la contraparte rusa sin condiciones previas. Luego arremete contra Vladímir Putin, aunque sus críticas nunca son tan contundentes como las que reserva para Volodímir Zelenski. Para Ucrania tiene un enviado especial, el general Keith Kellogg, mientras que los contactos con Rusia los delega en Steve Witkoff, inicialmente designado para negociar en Oriente Próximo. La estrategia de Trump para resolver el conflicto en Ucrania, que prometió zanjar en cuestión de días, se despliega sin un rumbo claro, marcado por cambios de tono y un aparente desconcierto. Lo que prima es el personalismo, las interpelaciones del presidente en redes sociales. Optimista,...
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