En los últimos días la discusión sobre el límite de la imputabilidad en jóvenes que delinquen ha vuelto a ocupar un lugar central en los debates de la agenda punitivista. Las infancias, en el ojo de la tormenta, son leídas en clave adultocéntrica y despojadas de toda interpretación contextual que permita entender cómo es que, delincuente, se llega a ser.