Cada primavera,
el Real de la Feria de Sevilla cobra vida con el montaje de casetas, luces y alegría. Pero hay un detalle que pasa desapercibido para muchos visitantes: el nombre de sus calles. Entre farolillos y volantes, los paseos se distribuyen en quince vías principales que no llevan nombres al azar, sino los de algunos de los toreros más legendarios de la historia. Una tradición que rinde homenaje a la estrechísima relación entre Sevilla y la tauromaquia.
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