ICE: arrestan a inmigrante venezolano tras salir de su turno de 12 horas en Walmart y temen que lo deporten a El Salvador
Leugim Romero, un inmigrante venezolano, fue detenido la madrugada del 4 de mayo por oficiales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), justo después de finalizar un turno de 12 horas en un Walmart de Nashville, Tennessee. La redada, que forma parte de una operación más extensa en barrios latinos, ha generado inquietud en su comunidad y entre activistas a favor de los inmigrantes.
Yali Molero, su esposa, lo reconoció en una imagen del operativo difundida en las redes sociales. Hace nueve meses, ambos hicieron su entrada legal a Estados Unidos a través del programa CBP One. Ahora, Molero tiene miedo de que su marido sea expulsado de El Salvador, a pesar de contar con permiso de trabajo y una audiencia judicial pendiente para 2027.
¿Quién es Leugim Romero y por qué fue detenido por el ICE?
Romero partió de Venezuela junto a su esposa con el objetivo de huir de la represión política. En Estados Unidos, dedicaba extensas horas de trabajo para sostener a su familia y estaba en proceso de asilo, con documentación en regla y una cita judicial programada. La pareja empleó CBP One, una aplicación oficial del gobierno de Estados Unidos, para entrar al país de manera regular.
Aunque Romero cumplió con todos los requisitos legales, fue detenido por oficiales federales al concluir su horario de trabajo. El procedimiento en el que fue arrestado era parte de una acción conjunta entre ICE, la Patrulla de Carreteras de Tennessee y las autoridades locales, dirigida, según informaron, a áreas con presunta actividad de pandillas y delitos.
¿Cuáles son las preocupaciones de la esposa de Romero tras su arresto por el ICE?
Desde su arresto, Yali Molero no ha logrado retomar su comunicación con su esposo ni verificar su posición dentro del sistema de detención migratoria. Su mayor miedo es que Romero sea deportado a El Salvador, donde otros inmigrantes venezolanos han sido expulsados anteriormente por supuestas conexiones con pandillas, algo que ella rechaza con vehemencia.
“Él no es un criminal”, aseguró Molero, visiblemente angustiada. Para costear los gastos legales y tratar de frenar la deportación, la mujer planea vender el automóvil familiar mientras se organiza con abogados para defender el caso de su esposo. “Estamos haciendo todo lo correcto”, dijo, “solo queremos vivir en paz y ayudar a nuestras familias”.