En el escaso espacio de la sastrería Mancinelli , en el Borgo Pio romano a escasos metros del Vaticano, Raniero se mueve con una soltura y gracia, impropias de sus 86 años, para atender, sin perder un segundo, a los clientes que buscan algún tipo de hábito eclesiástico y a los medios de comunicación que hemos llegado ante el reclamo de que está cosiendo las sotanas que esperarán en la sacristía de la Capilla Sixtina , al nuevo Papa. Tres hábitos y tres tallas diferentes, para que, al menos una, se acomode al nuevo pontífice al que nadie se atreve a poner nombre. «Ya tengo preparadas dos y en este momento estoy haciendo la tercera, ¡si me la dejáis hacer!»,...
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