La semana pasada mi amigo Pedro me dijo que no te hacías mayor hasta que no faltaban tus padres. Todo lo ocurrido hasta ese momento es como una infancia por fascículos en la que ves cómo el tiempo pasa y tus responsabilidades se acrecientan pero con red de seguridad. No es una cuestión de respaldo financiero sino de integridad moral, de una madre y un padre que por malos que sean siempre serán tu guía moral porque ellos siempre querrán que seas mejor que ellos. En algunos casos la fortuna eleva ese respaldo hasta extremos insospechados y en otros la excelencia es precaria y deja paso a un tibio aroma de complicidad, de amable convivencia, de amor que, para los...
Ver Más