«En el momento en que llegamos al hospital y nos adentramos en la unidad de cuidados intensivos, el panorama que se presentó frente a nosotros estaba lleno de confusión. Observé a mi querido hijo Gasparín, en su cuna hospitalaria, rodeado de una constelación de aparatos médicos y manos entregadas que se esforzaban incansablemente por preservar su vida (...). La realidad nos golpeó con una fuerza devastadora: con su frágil y hermoso cuerpecito, no logró superar la complejidad de la primera intervención».