Ni el canto de un pájaro, ni las olas del mar, ni una dolçaina. El sonido con el que se despiertan los turistas que eligen el Casco Antiguo de Alicante para pasar sus vacaciones es el de un pico y una pala. La anécdota se ha convertido en hábito y el entorno de la calle Toledo, una de las más transitadas por los viajeros, es una concatenación de obras particulares.