Crítica de 'John Wick 4': Keanu Reeves en su día de la marmota
En esta entrega, que desborda ya la trilogía, todo es más largo (dos horas y 45 minutos) y más violento y espectacular si cabe; y naturalmente, continúan ahí los personajes y actores principales, el irreductible Keanu Reeves y sus amigos de fechorías y filosofías, Ian McShane, Lawrence Fishburne y Lance Reddick (que falleció hace unos días). También continúa, aunque sin el célebre Hotel-burladero de las anteriores, ese territorio de pactos, códigos y rituales entre la secreta comunidad de mafiosos que acorralan al protagonista en un todos contra uno que, si bien llena de inverosimilitud la acción, aún la llena más de grandes coreografías, numerosa metralla y fantástico divertimento.
No hay en el argumento el menor contacto con la realidad, pero uno lo acepta gustoso y se lo traga de un bocado: le disparan, ametrallan, apuñalan, machacan, se tira de un tercer piso, rebota… Todo es posible con este John Wick, que aguanta más que Mortadelo y Filemón o el Coyote. Todo, menos un detalle imposible de creer incluso en este tipo de películas: Keanu Reeves conduce a toda mecha hacia la Plaza del Arco de Triunfo de París, uno de los lugares más peligrosos del mundo para entrar con un coche, y pega un volantazo hacia la izquierda y ‘se hace' esa Plaza (¡esa Plaza!) en sentido contrario. Ja.
Valoración de ABCPlay
Oti Rodríguez Marchante
La ambientación, los escenarios, el ritmo y la incorporación de nuevos personajes, como el de Natalia Tena o el de Donnie Yen, un jaguar en su papel de ciego que pega aún más que John Wick, y un cierto tufillo a aventura terminal, ponen este número 4 de John Wick a la altura del primero.