Crítica de 'Matria': El día a día de una vida en precario
Aunque suene algo gastado en estos tiempos de carriles, ‘Matria’ es una película de mujeres y social, en la que el concepto ‘matria’ tiene un sentido que sobrepasa el ‘chuli-piruli’ con el que se viene usando en lugares y por gentes que lo desconocen, pero que en Ramona tiene un sentido pleno, de tierra, de mar, de raíz, de superación, casi de poesía amarga: trabaja en una fábrica de conservas, sale a faenar con los marineros, limpia casas, tiene humor, vitalismo, responsabilidad y tesón para seguir en la lucha… ¿por quién y para qué?
El guion y la cámara de Álvaro Gago construyen bien los momentos y las hebras de la trama para que María Vázquez construya a su vez al personaje y sus sentimientos, que los vocea en ocasiones sin necesidad de decir apenas nada: uno entiende tan bien el interior día y el interior noche de esta mujer que llega a la conclusión de que sí, es una película de mujeres, pero lo es más aún de personas, de gente. Una película en continuo movimiento pausado, que sigue a su personaje como las de los hermanos Dardenne a los suyos y que tiene un contacto lejano pero sentimental con la ‘Jeanne Dielman’ de Chantal Akerman (con un plano homenaje de ella pelando patatas).
Valoración de ABCPlay
Oti Rodríguez Marchante
Hay otras historias en ‘Matria’ que no se cuentan, aunque se apuntan, la de la hija, la hermana, las compañeras de trabajo…, pero la más recóndita e interesante es la de ese hombre anciano y solo a cuya casa va a echar unas horas de limpieza, un tipo sereno, acabado, cabal que interpreta, muy, muy bien, Eduardo Rodríguez Cunha (Tatán) y que le pone otro condimento a la mera confrontación hombre-mujer o proletario-burgués, que es el mucho más filosófico y profundo de viejo-joven.