En el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) la renuncia de Concepción Sáez ha causado sorpresa, y no por inesperada, pues la vocal lleva muchos meses amagando con marcharse, sino por la forma en la que la ha comunicado: a través de una carta al presidente, Rafael Mozo , y sin pasar por el registro del órgano. Los vocales también muestran estupefacción por haberse enterado de la noticia a través de los medios y no por la propia interesada o el destinatario de la misiva, que la recibió hace diez días y durante todo tiempo lo ha mantenido en silencio. En cualquier caso, fuentes del CGPJ la consideran un hecho aislado y descartan que su renuncia vaya a provocar un efecto dominó en el seno del órgano, al que si bien el Gobierno le ha prohibido hacer nombramientos estando en funciones, tiene que seguir ejerciendo el resto de sus competencias «con normalidad» hasta que aterrice un Consejo renovado, para lo que no hay fecha a la vista. Y menos en año electoral. Noticia Relacionada estandar Si Alerta en el Supremo: el 30 por ciento de su plantilla, sin cubrir por la reforma de Sánchez que maniató al Poder Judicial Nati Villanueva La Sala Gobierno del Tribunal insta al Parlamento a dar una solución «inmediata» a una «situación insostenible» Al único al que el movimiento de Sáez, propuesta por IU, puede poner en una situación comprometida, dicen, es al también vocal y exdiputado del PSOE Álvaro Cuesta, que, con un perfil más político que el resto de sus compañeros, sí podría pedir «de cara a la galería» (más que por convencimiento propio) la renuncia de todos los vocales en bloque. Un brindis al sol, porque ante la negativa generalizada, nadie confía en que él se vaya. En cualquier caso la renuncia de Sáez tiene que ser aceptada por Mozo, que no lo hará antes del Pleno previsto para la próxima semana. El presidente mantenía hasta ayer la confianza en que lograría convencer a la vocal. Eso es al menos lo que le transmitió a los miembros de la Comisión Permanente que se reunieron este jueves en el Consejo cuando le pidieron explicaciones de la carta guardada durante diez días en un cajón. En ella, la vocal justifica no haber renunciado antes en que confiaba en que la renovación de este Consejo «se produciría en algún momento de las sucesivas ocasiones en que parecía inminente y, por un excesivo y quizá equivocado sentido de responsabilidad, he venido aguantando el trascurrir de los meses y de los años no sin inquietud ni incomodidad«. En este momento, dice en la misiva, a la que ha tenido acceso ABC, «resulta difícil pronosticar cuándo y cómo se resolverá esta larga crisis que tanta deslegitimación está provocando sobre la imagen de nuestro sistema judicial«. »La incapacidad de tomar determinadas decisiones en el ejercicio ordinario de las competencias de este órgano al tiempo que se clama por la recuperación de competencias impropias de un Consejo en funciones, ha terminado por agotar mi paciencia«. Los vocales del Consejo no ven en el gesto de Sáez un «acto heroico». Los hay quienes lo atribuyen a un «impulso político» de la izquierda ; otros sólo ven una decisión personal. Pero lo que parece claro es que su ausencia no se va a notar demasiado: pese a vivir en Madrid, la vocal, letrada de la Administración de Justicia y cuya candidatura impulsó hace nueve años el entonces dirigente de IU Cayo Lara, lleva dos años conectándose a los Plenos por videoconferencia y apenas tiene relación con sus compañeros, a excepción de Clara Martínez de Careaga, con la que coincide en la comisión de igualdad del Consejo. Desde que el CGPJ cumplió su mandato, antes de que entrara en vigor la ley que le prohíbe hacer nombramientos, Sáez ya votaba en blanco. Sin embargo, sí «se empleó a fondo» cuando llegó el momento de nombrar a los dos magistrados para el TC, lo que se acabó consiguiendo en diciembre con la entrada en el Tribunal de César Tolosa y María Luisa Segoviano. Si Mozo acepta la renuncia de Sepúlveda, el CGPJ se quedará con 17 vocales, tras la renuncia del presidente Lesmes, la jubilación de Rafael Fernández Valverde y el fallecimiento de María Victoria Cinto.