El pederasta de Lardero no tiene alteraciones mentales
En la cuarta sesión del juicio celebrado en la Audiencia de Logroño compareció la psiquiatra que realizó el examen pericial del acusado cuando el acusado llegó a la cárcel de Segovia y aseguró que el presunto pederasta contestaba a sus preguntas sin presentar intranquilidad, lo cual es contrario a la actitud de una persona que no recuerda qué le ha ocurrido, tal y como él alegaba.
Tras su detención, Almeida pidió un médico porque refería un dolor en el costado y recordó que tenía que tomarse las pastillas de la hipertensión, lo que según la experta, implica tener consciencia de uno mismo y querer cuidarse.
Durante la exploración apreció que Almeida no tenía alteraciones en las funciones: el acusado «recuerda, entiende y comprende»; es decir, «conoce la ilicitud del hecho, se mueve por sus deseos, su voluntad y su convicción», según el informe psiquiátrico. Era consciente, por tanto, del daño que hacía al menor y, según los agentes de Criminalística –que también han declarado hoy– fue «bastante».
Las mallas del disfraz rotas
Los agentes, que recordaron que el domicilio de Almeida presentaba múltiples huellas del menor en la entrada, el salón y la cocina, explicaron que en el dormitorio había pelos de la peluca que ese día de Halloween llevaba el niño y unas mallas que habían sido arrancadas por cómo estaba la goma. En la autopsia apreciaron erosiones y abrasiones «pronunciadas» y para dejar esas marcas «se ha empleado bastante fuerza», puntualizaron.
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