A Patxi le da igual
Y en la trama Berni hay fondos de Bruselas. Hay más que burdeles. Hay ya, en su derivada cuartelera, 13 comandancias afloradas y dos generales investigados, uno en la cárcel. ¿Había algo más, María Gámez? ¿Algo que no sepamos, Patxi López? Qué-más-da. Ahí está el problema. ¿Es solo por el caso aislado de un marido y dos presuntos kilos o hay mar de generales con Berni al fondo? O es que está a punto de salir lo de Pérez de los Cobos y eso sería peor. Qué-más-da. ¿Se acuerdan de Bernat Soria? Amén de ministro de Sanidad fue director del Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa de la Fundación Progreso y Salud de la Junta. La nómina más alta de toda la administración andaluza, pese a ser «un empleado fantasma» que raramente acudía al puesto de trabajo. También engordó el currículum, como otro que sabemos. Se fue porque lo echaron. Tuvo un juicio y lo condenaron. Con él trabajó cierto tiempo el aludido. Fue su jefe de Gabinete y antes Dircom de Sanidad. Y antes estuvo con Vallejo en la Junta. A Vallejo le cayeron siete de cárcel por los ERE. Un caso más otro y suma y sigue. Solo que da igual, Patxi. El portavoz socialista sabía lo que se le venía encima y se dedicó a gritarle a Tamames. Cafinitrina para el miocardio, dijo Tamames. O hablar bajito, Patxi.
Al veterano excomunista le tildaron de todo, pero demostró que aún, con casi 90 años ,vale más que la mayoría de los que le criticaron. Sorna, tranquilidad, sapiencia, síntesis y sentido común. No solo ganó la partida a Sánchez, a Patxi y a Yolanda, sino que demostró que un solo político de la transición vale más que muchos de estos juntos. Ni fue un esperpento ni el caricato que dijeron los más listos. Tampoco la voz de Vox, sino un profesor cansado de ver la deriva del país por el que luchó y dio con sus huesos dos veces en las cárceles de Franco. Ser antifranquista hoy, querido Patxi, no tiene ningún valor. Ni gritarle así a Tamames. Ir a las Cortes a su edad, exponiéndose a la lapidación, sí que es tener bemoles. Lo fácil era quedarse en casa. Pero a Tamames nunca le asustaron los toros bravos. Algunos le llaman «ego». Otros, «agallas».
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