La fiesta de la transhumancia da la bienvenida al otoño. Al otoño raro que va poco mordisqueando la ciudad con su sonata de días más cortos, de chaparrones. Suena un flautín pastoril y uno se acuerda de aquel verso del Marqués de Santillana de «Moza tan fermosa/non vi en la frontera/ como aquesta vaquera de la Finojosa». Y se acuerda hasta de Virgilio y sus églogas. Y Madrid , entonces, con las luces de Navidad ya colocadas -y por ventura apagadas- vuelve a ser campo. Y de la Casa de Campo pasaron de mañana con algo de sirimiri, por donde las primas de las 1.100 ovejas merinas y las 200 cabras retintas pastan para limpiar de yesca ese pulmón de Madrid cuando el pasto está verde y lo rural casi entra en la ciudad por las dehesillas de debajo del Alto de Garabitas. Cuesta de San Vicente, ganando el cielo, y pezuñas que resbalan. Silbidos pastores. Los balcones engalanados y mucho vídeo del móvil. Y eso que antes del desfile caprino, el ministro Planas empezó a tuitear esas cosas del campo que diría el poeta Muñoz Rojas. Este domingo han vuelto las ovejas y las cabras a Madrid , como no podía ser de otra manera. Los vencejos ya no bajan al sur, que sobre el papel ya no hay los hielos de antaño. Pero es entrañable ver un Madrid de cañadas reales , y niños anonadados de la mano de sus padres, con sus primeros jerseys del otoño, absortos en esta Cabalgata de Reyes sin Reyes y balidos que tienen un no sé qué humano. Porque el ganado 'cencerreaba', si es que tal verso existe, cuando se le entregó al Ayuntamiento el pago por paso (cincuenta maravedíes por cada mil cabezas de ganado), de manos de los Hombres Buenos del Concejo de la Mesta. Paso preferente Madrid es «vía pecuaria», y eso explicaba Miguel con un bigote de otro tiempo, a su hijo Miguel, Miguel trabaja en algo de Medio Ambiente que con los cencerros el cronista no pudo certificar en exactitud. Eran pasar, dar de vientre y un trabajador municipal devolviendo Madrid a Nueva York. Todo rápido, y sorprendía el paso de los animales habida cuenta de que el carnero de la Legión «ya ramoneó» bien por las plantas de Madrid .